El Cipotegato de Híjar

POR PASCUAL FERRER MIRASOL


Cipotegato de Híjar, 23 de abril de 2013, (plaza de la Villa)
En los pueblos hay que tratar de conservar las tradiciones, pero a la marcha que llevamos pronto será complicado hasta conservar los pueblos, aunque de momento...
Sin darnos cuenta, vamos tomando nuevas costumbres y las viejas se van perdiendo y olvidando. No seria lógico seguir con lo viejo y renunciar a las comodidades de lo nuevo, pero no olvidar lo viejo nos da cierto calado, prestigio, experiencia y sabiduría.
Cipotegato de Híjar, 23 de abril de 2013, (plaza de la Villa)
Cipotegato de Híjar en la festividad de
San Jorge 2013
Siempre que oigo nombrar al Cipotegato de Tarazona me acuerdo del Cipotegato que me nombraba mi abuela. Hace unos días le pregunte a mi padre si en Hijar había existido este personaje y que hacia. Me contesto que cuando él era zagal, el Cipotegato de Hijar salía con los cabezudos y que era un personaje muy popular.

Así, volví a mis recuerdos. Cuando era pequeño, mi abuela me contaba cuentos y entre ellos estaban los de los cabezudos que encorrian a los zagales. Y a su vez entre los cabezudos estaban los que mas me repetía. El Morico se llevaba la palma, “El Morico se ha cagau, en la punta del tejau, y la tuerta lo ha limpiau, con un trapo colorau”. Otro era el Robaculeros, “El Robaculeros no sabe correr, pero si se pone corre mucho y bien”.  Y el otro que me nombra con más frecuencia era El Cipotegato, que según ella no tenia cancioncica pero los zagales le insultaban de todas las maneras y los más descarados hasta con palabrotas, también me comentaron los mayores que era al que más miedo tenían. Incluso tenía expresiones como “es más tonto que Cipote”, o “es más tonto quel Cipotegato”. También me contaba que mientras los demás cabezudos llevaban varas para pegar a los zagales, este llevaba la zurriaga, que era, la bochiga (vejiga) del tocino hinchada y atada a la punta de una cuerda y esta cuerda a su vez a un palo, que manejaba El Cipotegato  a modo de látigo para golpear a los zagales que le insultaban.

Según me contaron entre otros José Ferrer “El Ronco”, José Ferrer “El Caminero”, Lina Millán “La Esportonera”, Manuel Pastor “El Fotro”, José Mallor “El Pinero”. La figura del Cipotegato estuvo presente en Hijar hasta el año 1936, año en que se produjo la Guerra Civil. El Cipotegato de Hijar formaba parte de la comitiva de los cabezudos y a diferencia de los demás no llevaba cabeza de cartón, si un gorro y el traje de colores, a modo de arlequín, (vistas fotografías y dibujos, coincidieron que el mas parecido era el de Tarazona).  Los colores eran el amarillo como predominante y luego rojos, verdes y negros, y con pantalones, mientras los otros trajes eran propios de cada personaje y llevaban faldas. También llevaba cascabeles y cintas.
El ultimo vecino que sacaron el Cipotegato en Hijar fue: José Antonio Turon Meseguer “El Pepe, el Bartolo”.

A continuación informaciones recogidas a través de Internet y otros medios sobre este personaje. José Bona, estudioso del personaje turiasonense,  decía entre otras cosas:
En realidad, tienen que ver con un aspecto religioso y pudo existir en la Edad Media, pero lo documentamos en 1706 en el archivo capitular de la catedral de Tarazona, donde aparece como un personaje que persigue a los niños, que le llaman ‘Pellexo de gato’, para que no estorben en los oficios religiosos”, ha contado el historiador.
Durante dos siglos, el Cipotegato acompañó a la procesión e incluso formó parte del dance de Tarazona. “Pudo provenir de un personaje más antiguo que se llamó ‘Mojigón’, ‘Mojigato’ o ‘Carigato’, que existió en Madrid y otros muchos lugares, pero fue perdiendo importancia e incluso se prohibió en el siglo XVIII”.
Mas noticias sobre el personaje:
La Asociación para el Desarrollo de la Comarca del Moncayo (ASOMO) tiene por objetivo difundir la riqueza plástica y antropológica del personaje del Cipotegato. 
Por esto, tendrá lugar en un acto donde se reunirán las personas que asumen el papel de cipotegatos en los pueblos del Moncayo, vestidos tal y como requiere este personaje.

El más popular es el cipotegato de Tarazona y la lluvia de tomates con la que dan comienzo las fiestas patronales de esta localidad el 27 de agosto. Sin embargo, hay otros cipotegatos que se conservan o recuerdan en diversas localidades del Moncayo aragonés.
Las postales editadas representan los cipotegatos de Ambel, Bulbuente, El Buste, Grisel, Maleján y los dos modelos existentes en Tarazona y Vera de Moncayo.

El Cipotegato o cipotero gato es un personaje colorista con un traje de estilo arlequinesco y provisto de un látigo o cipota. Esta es una de las figuras festivas más importantes y complejas del folclore del Moncayo. En Tarazona existen documentos que mencionan a un "cabeza de gato" o "cara de gato" y, a finales del siglo XVIII, nombran a un "pellexo de gato" que perseguía a los niños con una vejiga hinchada y al que el cabildo de Tarazona prohibió salir la víspera del Corpus con las consiguientes protestas de los niños.
Hasta los años 40, cuando se convirtió en blanco de tomatazos, el cipotegato de Tarazona acompañaba a los gigantes y cabezudos encorriendo a los niños. Éstos le provocaban tirándole gallones de hierba, y todavía se mantiene su participación en el desfile de la comitiva municipal durante la procesión del día 28.

Muchos de los grupos de danzantes de los pueblos de la comarca: Albeta, Alcalá, Ambel, Añón, Borja, Bulbuente, El Buste, Grisel, Maleján, Novallas, Litago, San Martín, Vera y el mismo Tarazona han contado con un cipotegato que con los golpes de su zurriaga "abría calle" en pasacalles y procesiones, y representaba el baile del "palotiau" en la plaza.


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